—¿Soy muy exigente?— Su sonrisa se volvió más amplía.
—Estás hecha a mi medida, tu interior es mi casa, nena, por mí no saliera nunca de tí, ¿No estás molesta? ¿No te parece que exageré un poco?— Él entendía si se ofendía por decir esas cosas.
—Amo la sinceridad con la que siempre me has hablado, sea bueno o malo, me das la oportunidad de no ser indiferente a la verdad, yo misma me lavé las manos sobre ese tema—.
Él estaba concentrado mirando sus labios.
—Mmm—.
—Me gustó que eligieras esa forma