Capitulo 49

Lucian

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.

Estaba en el garaje, mi pequeño lugar especial.

Oscuro. Silencioso. El aire olía a aceite, metal y algo más fuerte y penetrante... sangre. Rodrigo ya estaba de rodillas, atado, temblando como un maldito cobarde. Mis hombres ya se habían encargado de él lo suficiente. Su rostro era un desastre... ensangrentado, hinchado, apenas reconocible. Bien.

Me senté en la silla de cuero, con dos de mis hombres de pie detrás de mí. Apreté la mandíbula mientras inclinaba la cabeza, observándolo fi
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