La coloqué con cuidado de nuevo sobre la cama, mis labios chocando contra los suyos en un beso áspero y hambriento. Lo intenté… Dios sabe que lo intenté… intenté no perder el control, ser gentil. Pero ¿con Mara? Era imposible. Encajaba en mis manos como si hubiera sido creada para ellas, moldeada por los dioses solo para ser arruinada por mí. Se veía pecaminosa en mi cama. Una puta visión perfecta.
Me aparté, respirando con dificultad, con los ojos fijos en los suyos. Su rostro estaba sonrojado