Estaba atrapada debajo de él.
Su cuerpo fuerte presionado contra el mío, una presencia pesada e inquebrantable que me robaba el aliento de los pulmones. Sus manos estaban a ambos lados de mi cabeza, atrapándome, su rostro flotando a solo unos centímetros del mío. Su aroma —especias oscuras y cedro— me envolvía, haciendo que me diera vueltas la cabeza.
—Me perteneces, Mara —murmuró, con voz profunda y suave, atravesándome como seda y cadenas al mismo tiempo.
Temblé debajo de él mientras sus dedo