Llevo encerrada en este lugar durante 2 semanas sin recibir la luz del día. Paolo viene y me trae comida, pero siempre recibo uno que otro golpe, ya que no consumo alimento ni le hablo, cosa que le molesta.
- Hola preciosa, te traje tu comida - deja la charola con la comida sobre una mesa y me mira.
- ¿Cómo estás, mi amor? - cínico, ¿cómo crees que estoy?
- Tú qué crees, Paolo - respondo seca y destilando odio. Este me toma con fuerza del cabello.
- ¡A mí no me hables así! Quiero respeto de