Cuando Cindy llegó a la piscina poco después, Miguel Ángel ya estaba allí, sentado en una tumbona y esperándola.
—¿Por qué no estás todavía en el agua, no tienes mucho frío, verdad? —se burló Cindy.
—No, he pensado en algo —sonrió—. Anoche hicimos mucho ruido, y creo que deberíamos ir a otro sitio antes de que haya problemas aquí.
Lo miró con desconfianza. —¿Y qué tienes en mente?
—Vamos a la playa. Aparte de que prefiero nadar en el mar de todos modos, allí tendremos nuestra paz y tranquilidad