Cuando llegó abajo, Miguel Ángel ya estaba en la piscina y cuando la vio, nadó en su dirección y miró hacia ella desde el borde de la piscina.
—Entra, el agua es riquísima —sonrió, y Cindy no lo pensó dos veces. Con una elegante zambullida, se deslizó en la piscina y luego nadó unas cuantas vueltas con elegancia mientras Miguel Ángel la observaba.
—¿Me vengaré ahora? —preguntó burlonamente cuando ella se detuvo a su lado después de un rato.
—De acuerdo, ¿otra vez diez vueltas?
Asintió con la