El móvil vibró en uno de los bolsillos de mi chaqueta limpia, la anterior que fue manchada de chocolate, la dejé a un lado de la cama. La empresa no se encontraba lejos, eran unos quince minutos de distancia en auto. Respondí al ver el número en pantalla.
—Nicholas —atendí sin ganas.
—¡Theodore Bourke! Finalmente te dignas a responder, hombre. Si tu otro padre, —de esa ma