Anne sintió su aliento cálido, que la embriagaba.
—Anne, te amo, nunca volvería a fallar, pero, no tengo forma de demostrártelo, si no me dejas. Mírame —dijo tomando su barbilla, obligando a que lo viera a los ojos—. ¿Ya no me amas? ¿No hay ni un poquito del amor que alguna vez me tuviste?
Él besó sus labios, ella no pudo más, fue frágil, se rindió ante él, sus manos se colgaron a su cuello; el beso fue dulce, lento, y apremió, poco a poco, como si se cocinara a fuego lento.
Felipe tomó su ci