Anne fue a casa, al volver de viaje, necesitaba ver a su padre, y durante todo el trayecto de vuelta, no le dirigió la palabra a Felipe, que tuvo que hacer frente a toda la hora de periodistas que lo persiguió.
Cuando Anne llegó a casa, sintió su corazón retumbar, pensaba en su padre, en su presunta enfermedad.
Lo encontró en el despacho, leyendo y cuando él la vio, se sorprendió tanto.
—¡Hija! —dijo levantándose de su silla—. Pero ¿Cuándo llegaste? Mira la hora que es.
—¿Fuiste tú, padre?