Lana no podía hablar, sintió que estaba congelada ante Terry y su fría mirada azul
—No quiero que grites, no quiero que hagas nada, solo escúchame, por favor.
Ella asintió despacio y él la liberó, ella se quedó en calma, sus ojos estaban cristalinos
—Terry…
Él siseó despacio
—No fuiste, Lana, te esperé, esperé por ti toda la noche, por amor, pero tú, volviste con ese hombre, el mismo que casi acaba conmigo, ¿Cómo elegiste a ese monstruo?
—Terry, escúchalo, él no tiene nada que ver con lo q