La noche de la fiesta de cumpleaños de Valeska transcurría con una armonía inesperada, como si, por un instante, el universo hubiera decidido otorgarle una tregua.
El salón estaba iluminado con luces cálidas que daban al ambiente un resplandor dorado, reflejándose en las copas de vino y en los ojos brillantes de los invitados. La música de fondo flotaba con elegancia, un suave murmullo de violines que se mezclaba con el sonido de la conversación animada y el leve repiqueteo de los cubiertos con