Valeska tomó aire mientras se adentraba a la oficina de Lisandro. La luz tenue de la lámpara de su escritorio iluminaba su rostro serio. Él mantenía los ojos fijos en un documento que aún no terminaba de leer. Su ceño estaba ligeramente fruncido, y la forma en la que movía el bolígrafo entre sus dedos indicaba que estaba completamente absorto en su análisis.
—Aquí está el informe que me pediste —dijo ella luego de analizarlo por unos segundos, avanzó hasta su escritorio y le extendió el archivo