Con este pensamiento, Lucía se giró y nadó desesperadamente hacia afuera. Los peces a su alrededor, sintiendo su pánico, huyeron en todas direcciones. Ella apretó los dientes, miró hacia atrás y vio que el tiburón ya la estaba alcanzando a gran velocidad. Observando a su alrededor, notó que estaba rodeada de corales, pero no muy lejos había un agujero negro donde podría esconderse. Cambió de dirección y nadó hacia abajo.
Durante el trayecto, casi podía sentir la respiración del tiburón acercándo