Al oír el alboroto, Diego corrió a la entrada para recibir a los recién llegados. Pero se quedó de piedra al ver entrar a Mateo... ¿del brazo de Sofía? ¡Un momento! Diego soltó un silbido de sorpresa.
— Diego — saludó Mateo con rostro impasible.
— ¡Mateo, pasa, pasa! Siéntense... — se apresuró a atenderlos, sirviendo tragos y ofreciendo bocadillos.
Más tarde, aprovechando que Sofía fue al baño, Diego no pudo contenerse:
— Hermano, ¿qué onda? ¿No habías terminado con ella? ¿Por qué la traes de vu