Daniel frunció el ceño al ver a Jorge y le dijo con tono severo:
—¿Tú?
Lucía murmuró sorprendida:
—Profesor Medina, ¿cómo es que...?
En ese momento, casi se le quiebra la voz.
Daniel la miró con preocupación:
—¿Estás bien?
Lucía asintió con la voz quebrada:
—Sí.
Aunque era evidente que no lo estaba.
Daniel le ofreció:
—Tengo el coche aquí. ¿Quieres que te lleve a casa?
—Sí, gracias. Te lo agradezco.
Daniel la rodeó con el brazo, dispuesto a marcharse. Lucía se sintió como una piedra a punto de c