Lucía volvió bruscamente a la realidad y se giró hacia la persona que se acercaba. Mateo vestía un traje impecable, aunque parecía más delgado, con las mejillas algo más hundidas que antes. Mientras ella lo examinaba, Mateo también la observaba ávidamente: suéter beige, pantalones negros ajustados, gabardina color caqui, y el cabello suelto pasando los hombros, sin tintes ni rizos, cayendo naturalmente. En los pies llevaba unas zapatillas blancas, sencillas y discretas.
—Hola —saludó Lucía ante