El asistente comenzó a decir "¡Enseguida!", pero Mateo lo interrumpió: —Déjalo, iré yo mismo.
...
Lucía estaba de pie junto al escritorio del asistente, cerca de los ventanales panorámicos. Se acercó a la ventana y se detuvo, contemplando el flujo incesante de vehículos bajo sus pies. Frente a ella se extendía una bulliciosa calle comercial, flanqueada por elegantes edificios de oficinas, y a lo lejos se podía divisar el río. Verdaderamente era un lugar donde cada metro cuadrado valía oro.
Cuand