—Yo... estaba cansado, quería descansar un poco antes de irme y me quedé dormido...
Paula rodeó el coche y se subió al asiento del copiloto:
—Perfecto, llévame a casa.
—Vaya, qué directa —bromeó Manuel, aunque su sonrisa se hacía cada vez más amplia.
—Bueno, ya que estoy ayudando, lo haré hasta el final. ¡Agárrate! —pisó el acelerador y el coche salió disparado.
—¡Joder! ¡Más despacio! ¡Aún no quiero morir, y menos contigo!
—¿Por qué no? Compartir tumba sería romántico, je, je...
Paula le lanzó