Al salir, los tres habían bebido y cada uno sacó su teléfono para pedir conductor.
Mientras esperaban, a Diego le dio el antojo de fumar. Con el cigarrillo en la boca, fue a encenderlo pero no encontró su mechero.
Le pidió uno a Manuel, quien señaló hacia el coche: —En el asiento trasero, búscalo tú mismo.
Diego abrió la puerta y se inclinó dentro del coche.
—Ah, aquí está... —Encendió su cigarrillo y le devolvió el mechero a Manuel. Recordando el chal que había visto en el asiento trasero, sonr