Capítulo 472
Cuando Lucía habló, Daniel volvió bruscamente a la realidad. —¿Ya está, profesor?

—Sí... ya está.

—Gracias.

Daniel volvió a mirar su cintura un par de veces, no con pensamientos indebidos, sino preocupado: ¡estaba demasiado delgada! ¿Acaso no estaba comiendo bien?

Mateo permaneció sentado frente al tocador desde el amanecer hasta el anochecer, y hasta el amanecer del día siguiente. No era que no quisiera dormir, simplemente no podía. Su mente, incansable e incontrolable, revivía el pasado: tanto
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