Tatiana recorrió la mansión, saludando con sonrisas fingidas a todas las tías y parientes. Luego se acercó a Carolina con los brazos cruzados: —Carolina, querida, no es por criticar, pero la casa está hecha un desastre, ¿no piensas limpiar un poco?
Carolina lo había intentado, pero cada vez que limpiaba, en menos de media hora todo quedaba más sucio que antes. —Cualquiera pensaría que son unos flojos, mira el piso lleno de lodo, y esa pila en la mesa, ¿qué es todo eso que apesta tanto? —continuó