El puñetazo de Mateo rozó el pómulo de Jorge con un golpe sordo.
Cuando Mateo levantó el puño para dar un segundo golpe, Jorge lo agarró del cuello y lo empujó con fuerza, casi haciéndolo caer. Jorge aprovechó para retroceder y crear distancia.
—¡Ay! —se tocó el pómulo, que le dolía intensamente—. ¡¿Qué demonios te pasa, Mateo?!
—¡Te lo mereces!
Jorge soltó una risa fría. Viendo la furia en el rostro de Mateo y la dirección de donde venía, entendió inmediatamente el motivo. Su sonrisa se volvió