Roberto: —Siento que últimamente no estás de buen humor, ¿qué pasa?
Daniel: —Te equivocas.
Dicho esto, se dirigió a la sala de descanso.
Había traído una bolsa con ropa limpia que necesitaba guardar en el casillero. Al abrir la puerta de la habitación interior, vio que la cama plegable que Lucía había usado seguía en el mismo lugar.
Recordó aquella vez que vino a cambiarse y la encontró durmiendo la siesta. Daniel aún recordaba cómo su corazón se aceleró y su respiración se entrecortó. Como en u