Apenas las palabras salieron de su boca, Lucía se arrepintió. Pero como agua derramada, era imposible recogerla.
—Tú —respondió Jorge. Me interesas tú.
Lucía alzó la mirada hacia el techo.
—No finjas —dijo él con una sonrisa torcida— Sé que me entendiste perfectamente.
—¿Qué dices? No te oigo, ¡ejem! Mejor no sigas.
Jorge no pudo evitar reír al verla hacerse la desentendida —Puedes esquivarlo una o dos veces, incluso tres o cuatro, pero eventualmente...
—¡Ay! —lo interrumpió Lucía— Olvidé traer