Cuando terminaron de comer, Carlos se levantó para pagar la cuenta.
Justo cuando se preparaban para salir, se encontraron cara a cara con Enrique, Yulia, Ariana y Gregorio. Solo faltaba Carmen, aunque era normal ya que la señorita Ríos nunca frecuentaba restaurantes de esta categoría.
—¡Vaya, vaya, si son los tres discípulos favoritos de Ana! —fue Enrique el primero en hablar, con un tono burlón y una mirada provocadora que resultaban bastante desagradables.
Los tres ignoraron su comentario, lo