¡Por fin terminé!— exclamó Talia mientras cerraba su laptop con un largo suspiro de alivio, rodeada de latas vacías de bebidas.
—Vamos, los invito a comer —propuso Carlos.
Lucía y Talia no se hicieron de rogar, después de todo tendrían mucho tiempo para devolver el favor durante sus futuros días de colaboración.
En el restaurante, las luces del candelabro de cristal brillaban deslumbrantes mientras una suave melodía de piano flotaba en el ambiente.
—¿Tienen reservación?
—Reservé ayer —respondió