Lucía y Sergio observaban desde el exterior de la cafetería. A través del ventanal, aunque no podían escuchar la conversación, notaban cómo la expresión de Carolina pasaba de la confusión a la seriedad, y luego al arrepentimiento —claramente no era una charla agradable.
Fernando estaba por marcharse cuando, de repente, Carolina alzó la mirada y dijo algo que lo transformó por completo, como una vela que se enciende con una chispa. Volvió a sentarse y continuaron su discusión.
Esta vez, Carolina