Carmen también estaba confundida. Antes, cuando Mateo entraba al hospital, Lucía ya estaría a su lado, atendiéndolo con ojos llorosos. Esta vez, ni siquiera se la veía por ningún lado.
Ante estas palabras, un silencio sepulcral se extendió por la habitación. Mateo permaneció inexpresivo y callado, mientras Diego, Manuel y los demás que conocían la situación no se atrevían a hablar.
Finalmente, Jorge comentó con voz suave:
—¿No lo saben? Ellos terminaron.
Mercedes frunció el ceño:
—¿Todavía sigue