Así que, independientemente de cómo lo presentara Juliana, ella ya tenía todo claro.
—Entonces... ¿cuál será la forma de pago? —preguntó Juliana, apenas conteniendo su emoción.
—Todo al contado.
Sergio no podía creer que su hija realmente iba a comprar una villa, ¡y que ya tenía el dinero preparado! Cuando intentó hablar, sintió un pellizco en la cintura: era Carolina.
—Deja que nuestra hija haga lo que quiera, solo observa y no intervengas —susurró ella.
Sergio no tuvo más remedio que conteners