Tatiana se reía para sus adentros mientras miraba la fruta que había traído Sergio:
—Carolina, ¿ustedes también compraron cerezas? ¿Por qué se ven mucho más pequeñas que las de la cuñada?
La sonrisa de Carolina se congeló, pero respondió con suavidad: —¿Cómo podría compararme con Anya?
Tatiana soltó una risita: —¡Es verdad! La casa de Anya y Alex, naturalmente nadie puede compararse con ellos.
Lucía sonrió con fingida inocencia: —Tía, ¿qué frutas trajiste tú?
La sonrisa de Tatiana se tensó. Lucí