Capítulo 121
Lucía dio un mordisco y sonrió: — Está delicioso.

Carolina, observando la alegría en el rostro de su hija y recordando cómo había llegado hoy, sintió una punzada en el corazón. Tomó la mano de Lucía entre las suyas, cálidas, y le apartó el cabello de la cara, mirándola atentamente: — Has adelgazado.

Lucía, con la boca llena de fresa, negó con la cabeza, sus mejillas infladas:

— Para nada. Me acabo de pesar y he engordado casi un kilo desde la semana pasada.

— Solo parece que estoy más delgada. M
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