A medida que avanzaba la tarde, Lucía se vio abrumada por la cantidad de rosas que recibía, superando todas las expectativas.
Paula, boquiabierta, murmuró:
— Vaya, esto no salió para nada como pensé.
Lucía, con una mezcla de sorpresa y pánico, susurró:
— ¡Ay, Dios mío! ¡Esto se me está yendo de las manos!
Mientras tanto, Mateo, observando desde la multitud, se quedó completamente atónito, incapaz de ocultar su asombro y quizás un toque de celos.
Sofía, mirando las pocas rosas en sus manos, tenía