—¡Me abofeteaste!
La voz de Joaquín resonó en la habitación.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.
El silencio entre ellos era más doloroso que cualquier grito.
Joaquín la miraba incrédulo, con una mezcla de rabia y sorpresa. Nunca había imaginado que Miranda llegaría a ese punto.
Durante este tiempo ella había sido la mujer que soportaba todo en silencio, la mujer que intentaba arreglar las cosas, la mujer que siempre buscaba una forma de salvar su matrimonio.
Pero esa mujer ya n