Miranda no quería sentir nada.
No quería recordar.
No quería que ese hombre, después de todo el dolor que había soportado, todavía tuviera el poder de alterar su corazón con un simple gesto.
Pero Joaquín Kirland siempre había sido su debilidad.
Y ese beso era una prueba cruel de ello.
Durante un instante, solo un instante, todos sus argumentos se desmoronaron.
Sus labios sobre los suyos despertaron recuerdos que había intentado enterrar durante meses: la emoción de la primera vez que creyó que é