Miranda sonrió. No era una sonrisa de felicidad, sino una mezcla de alivio y una burla apenas contenida. Después de tantos meses soportando discusiones, silencios y decepciones, por fin sentía que estaba recuperando el control de su propia vida.
Miró a Joaquín directamente a los ojos.
Ya no había temor en los suyos. Solo una serenidad que a él comenzaba a desesperarlo.
—Joaquín... no te estoy dejando porque hayas sido infiel.
Él no apartó la vista.
Su expresión permaneció seria, aunque sus múscu