Joaquín esperaba con una paciencia que empezaba a deshilacharse lentamente.
La puerta de la otra oficina finalmente se abrió.
Miranda apareció sosteniendo los documentos en sus manos.
Su expresión era firme, aunque por dentro sentía que cada paso que daba pesaba más de lo que quería admitir.
Levantó la mirada y encontró los ojos de Joaquín sobre ella.
Por un instante, ambos quedaron en silencio.
Había demasiada tensión entre ellos, demasiadas heridas acumuladas, demasiadas cosas que ninguno esta