Joaquín sintió que una punzada insoportable le atravesaba la cabeza.
El dolor llegó sin previo aviso.
Fue tan intenso que un grito desgarrador escapó de su garganta, resonando por toda la sala de rehabilitación.
—¡¡Ahhh!!
Su cuerpo se arqueó sobre la silla de ruedas mientras ambas manos se aferraban con fuerza a su cabeza.
La fisioterapeuta, Liliana, dio un paso hacia él completamente alarmada.
—¡Señor Kirland!
Intentó sujetarlo para evitar que cayera de la silla, pero Joaquín la apartó sin siqu