Los días avanzaron lentamente en la mansión Kirland.
Joaquin Intentaba refugiarse en el trabajo.
Pero nada funcionaba.
Su mente siempre terminaba regresando al mismo lugar. Miranda. Sus hijas.
La fotografía de aquella mujer sosteniendo a las pequeñas la tenía guardada como un tesoro.
Aquella tarde, mientras revisaba un informe que llevaba casi una hora sin comprender, su teléfono sonó.
Tom entró inmediatamente.
—Señor.
Joaquín levantó la cabeza.
—¿Qué sucede?
—Los hombres encontraron a Daniela.