En un impulso cargado de rabia, Joaquín levantó la mano y lanzó la caja de la píldora de emergencia contra el pavimento.
El pequeño paquete rebotó varias veces antes de quedar aplastado bajo el peso de un automóvil que pasaba por la calle. El sonido del cartón rompiéndose resonó en el silencio, como si con aquel gesto también hubiera destrozado la poca paciencia que le quedaba a Miranda.
Ella abrió los ojos con incredulidad.
Durante unos segundos fue incapaz de reaccionar.
Después, la indignació