Ella lo empujó con fuerza, rompiendo el beso de inmediato.
El sonido de su respiración agitada quedó suspendido entre los dos.
Miranda lo miró con los ojos llenos de incredulidad, intentando recuperar la distancia que acababan de perder.
Su corazón todavía latía demasiado rápido y odiaba que, por un instante, había olvidado todo el dolor, todas las heridas y todas las razones por las que había decidido alejarse de él.
—¿Qué haces? —preguntó con la voz entrecortada—. ¿Te estás aprovechando de mi