Miranda sintió que el corazón dejaba de latirle por un instante.
Las palabras de Tom retumbaron con tanta fuerza en su cabeza que todo lo demás desapareció.
—¿Qué... qué acabas de decir?
La voz del hombre sonaba entrecortada al otro lado de la llamada, cargada de una urgencia que jamás le había escuchado.
—¡Escúchame bien! ¡Joaquín está en Lisboa! ¡Va camino hacia ti! No sé cuánto tiempo tenemos, pero debes esconderte ahora mismo.
El rostro de Miranda perdió todo color.
Sintió que el teléfono co