La noche del día diecinueve no se anunció.
Se instaló.
Como si siempre hubiera estado ahí, esperando que todo lo demás se retirara lo suficiente para hacerse evidente.
La luz descendió de forma casi imperceptible, pero Erika no necesitó verla cambiar para saber que algo había cruzado de nuevo ese umbral invisible entre lo que se observa y lo que se siente. Estaba recostada cuando ocurrió, con la mirada fija en el techo, pero no en un estado pasivo. Su mente no estaba dispersa. Tampoco estaba fo