11. Salto largo
—¡Suéltame! ¡Maldito infeliz!— se oían los gritos de Olga desde su habitación.
Irini salió corriendo hacia la habitación vecina para socorrer a su amiga en aprietos, su corazón latía a toda prisa. Encontró la puerta cerrada, pero escuchaba los gritos que venían desde dentro. Con desesperación golpeó la puerta.
—¿Qué está pasando ahí? ¡Olga! ¡Abre la puerta!
De pronto, se detuvieron los gritos y la habitación quedó en silencio. A los pocos segundos la puerta se abrió y se asomó su amiga con el