Mundo ficciónIniciar sesiónEs el drama de un matrimonio arreglado en donde el amor no tiene importancia, solo los acuerdos que se firman. Los involucrados no tienen mucho derecho a opinar, pero sí mucho que sentir. Es una historia de cómo los sentimientos y el poder danzan y combaten entre sí, demandando un espacio. Uno de los involucrados, el novio, opinaba: "¿Que si creo que un matrimonio arreglado por los padres es algo bueno? Yo diría que sí... Aunque la gente ya está acostumbrada a pensar que una persona debe casarse por amor, por propia decisión y con libre elección de la pareja. Casarse por obligación parece una carga muy pesada, pero habría que conceder que muchos jóvenes, en la actualidad, pierden el norte y la visión de lo que realmente les conviene. No estaría mal que los padres pudieran coadyuvar a escoger para sus hijos una pareja apropiada, en el tiempo apropiado. Aunque, al final, yo creo que ese tipo de acuerdos solo tiene sentido en el seno de familias pudientes..."
Leer másMeses después, la historia de la expedición desaparecida era un titular pasado de moda. La búsqueda masiva, iniciada por los inversores de Marcus y obstaculizada por la ferocidad repentina y sin precedentes del invierno, no había arrojado resultados. El equipo, conocido por los medios solo como los "Siete Cárpatos", simplemente se había desvanecido. Los primeros equipos de búsqueda encontraron la casa de huéspedes abandonada, los efectos personales del equipo cuidadosamente empacados, lo que sugería una partida sin problemas. Sin embargo, en la montaña, la conclusión oficial fue simple, brutal y errónea: una rara ventisca de gran altitud los había tomado desprevenidos, enterrando seis cuerpos y dispersando al séptimo.La verdad es que nunca se recuperaron cuerpos de la montaña, ni rastro del equipo especializado, ni señal de la anomalía altamente magnética que Radu había confirmado que existía bajo el lago Bâlea. El silencio de la montaña fue absoluto, una declaración final e indiscu
El Ojo de la Aguja era una chimenea de roca angosta y erosionada por el viento que gritaba con la velocidad del aire que se precipitaba a través de ella. Era un aterrador cuello de botella, pero la pura confianza de Vlad los impulsó. Lo atravesaron uno por uno, emergiendo a una amplia extensión cubierta de nieve. Estaban en el lago Bâlea.La cuenca glacial era un lugar de inmenso y silencioso poder. Muros de roca empinados y negros se alzaban por tres lados, cerrándolos. El lago mismo era una lámina de hielo denso, azul-negro, ya medio oscurecido por la tormenta de nieve que se acercaba rápidamente. El temporal, aunque todavía distante, era una entidad palpable y hambrienta, y se cerraba rápido.—¡Allí! —gritó Radu, señalando. La anomalía magnética, confirmada por su GPR ahora muerto, estaba precisamente en el centro del lago.El equipo corrió a través del hielo, en una carrera desesperada y final. Dragos inmediatamente comenzó a instalar anclajes cerca de la orilla, con el rostro som
El aire al amanecer era un golpe repentino y brutal, cortando las delgadas capas de ropa térmica y lana. La casa de huéspedes, acogedora y protectora la noche anterior, era ahora solo un recuerdo lejano y cálido al pie del monolítico Macizo Făgăraș.El grupo comenzó el ascenso en orden militar, su aliento formaba una columna de vapor en el aire gélido. El silencio solo era roto por el crujido de las botas de alta tecnología sobre la tierra congelada y el raspar rítmico de los bastones de trekking contra la pared de roca. Se movían como una unidad única y altamente especializada, confiados en su equipo y la precisión de su plan.Encabezando la fila estaba Dragos, el experto en seguridad, un hombre cuya discreta competencia con cuerdas y movimiento táctico le había valido la posición delantera. Detrás de él, Radu, el geólogo, un hombre corpulento e incansable, mantenía sus ojos fijos en una pequeña pantalla, monitoreando la presión barométrica y la cizalladura del viento localizada, los
Nikolai Stepanov recibió un correo que lo dejó intrigado. Era una nota corta, muy corta: “Sé lo que hiciste el verano pasado”. Le pareció un chiste tonto, muy tonto, casi una broma de niños que ven muchas películas. Sabía que en el pasado había hecho cosas feas, horrendas, terribles, pero nada especialmente malo en el verano anterior.Sí, tomó aquello como una broma de niños, no le dió importancia, sólo bloqueó al remitente y se recostó en el sillón de su gigantesca oficina. Sin poder evitarlo, su pensamiento viajó 30 años atrás, a una historia oscura relacionada con El Khríteldorch:La chimenea humeaba y susurraba, proyectando sombras danzantes sobre las paredes de madera. El grupo escuchaba, con sus rostros brevemente iluminados por los destellos rojizos.—No creo en fantasmas, en realidad, nunca he visto uno. Lo más cerca que he estado de una experiencia paranormal es la historia que estoy a punto de contarles. Es una de las pocas veces que recuerdo haberme sentido verdaderamente a
Último capítulo