La noche pasó y la mañana era otra, el sol estaba por salir y dos amantes no querían separarse, aunque tenían compromisos importantes.
—¡Leo! —Gemía Patricia por los besos de su novio.
—Que llegues hoy, un poco tarde no pasará nada, no los merecemos —Susurraba Leo dando pequeños besos en su oído, su cuello y bajando a sus senos.
—Ahora quieres que viva en tu apartamento, ¿cuando dormiré en mi cama? —reclamó ella entre jadeos.
—Nunca más —dijo Leo y metió en su boca un seno, sacando un gemido