—Te deseo como nunca he deseado a ninguna mujer —murmuró Fabrizio sobre los labios de Cloe—. No puedo esperar para tenerte.
—Eso no va pasar —respondió a la defensiva.
Fabrizio sonrió.
—Pareces demasiado segura. Sería tan fácil demostrarte lo equivocada que estás, pero estoy seguro que disfrutaré cuando supliques por mí. —Él subió su mano desde sus caderas hasta debajo de sus senos y acercó los labios a su oído—. Cuando supliques para que entre en ti y te tome sin piedad.
Se mordió el labio