Pasadas tres horas, Miranda regresó a la casa. Subió los escalones intentando levitar para apagar el ruido de sus pasos, cuidando que ningún escalón delatara su misteriosa excursión nocturna. Al ingresar a la recámara, la habitación estaba en una penumbra reconfortante. Se detuvo un instante y escuchó la respiración profunda y acompasada de David, quien dormía profundamente, vencido por el agotador cansancio de los últimos días.
Se despojó de la chaqueta y se acomodó cerca de él con cautela, mi