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Eran las doce de la noche cuando tocaron mi puerta, supuse que era un vendedor ambulante o un vagabundo y se marcharía pronto, pero seguían insistiendo, me levante con pesadez y abrí sin mirar quién era. Me encontré con nada más y nada menos que la orientadora Queny.

—Hola Andy— estaba con una sonrisa en su patético rostro.

—Perdón— fruncí el ceño— ¿Qué hace aqu&iacu

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