La cama estaba desarreglada y el cuerpo adolorido, pero percibía dentro de sí una felicidad inexplicable. De repente lo que antes pensó era algo horrible y forzado, ahora era excitante y muy deseado. Naia estaba agotada, pero se obligó a levantarse para hacer algo productivo. La sábana resbaló por la piel dando cuenta de diversos círculos rojos esparcidos por todo su cuerpo. Al notarlos, de nuevo sus mejillas se tiñeron de rojo al recordar la forma en la que había sido besada y amada durante to